Leer La fruta del borrachero (Impedimenta, 2019) de Ingrid Rojas Contreras, es una experiencia extraordinaria. La sociedad colombiana es presentada desde adentro, desde sus propias entrañas; el análisis profundo la deja desnuda mostrando el drama de una nación. Los personajes se desenvuelven en un ambiente convulso quedando atrapados en un laberinto que, como enormes manos imperceptibles, los aprieta muy fuerte a pesar del tiempo y la distancia. Respetando las desemejanzas, bien podemos encontrar similitudes en otros países latinoamericanos.

            Chula Santiago es un personaje entrañable que intima con el lector. A través de ella, la autora muestra con crudeza los estragos que la violencia social causa en los individuos; la cicatriz áspera, imborrable, que deja en los niños. La familia Santiago, en un esfuerzo desesperado, intentará desprenderse de un pasado lleno de dolor y resentimiento. Los recuerdos de Chula Santiago nos ubican en una Colombia conmocionada por la violencia, en una sociedad con ásperas diferencias de clases sociales que sirven de abono para alimentar un odio básico, carente de todo raciocinio entre diferentes sectores de la población. El populismo, el uso de las armas y la injusticia social entran en escena y producen una onda sísmica en el estamento social, político y económico del país.

            Petrona es la adolescente a la que las circunstancias le arrebatan su niñez y la empujan a una adultez prematura. Rojas Contreras hace unas magníficas descripciones de los cerros de Bogotá llenos de tugurios, de familias desplazadas, desestructuradas por el conflicto bélico en el que está ambientada la novela y aprovecha para exponer la realidad existencial de las personas que allí viven. En ese ambiente de pobreza extrema vive Petrona, quien comparte algunas características con Chula Santiago, pero la condición de Petrona es otra, por lo que, se verá obligada a actuar de manera diferente. A lo largo de la novela no solo perderá su niñez, la irán despojando de su candidez, del amor, de su virginidad. Ella también necesitará olvidar, pero deberá hacerlo a su manera.

            La terrible situación de un secuestro forma parte de la temática de la obra. El secuestrado y sus familias sufren una dura metamorfosis en la que ya nada volverá a ser como antes. Un acertado hilo narrativo nos ofrece una trama en la que no falta el suspenso, el drama, la emoción y hasta la ternura.

            La fruta del borrachero describe de forma contundente la situación sociopolítica de una época de Colombia. En esta novela se resalta el hecho de cómo un solo hombre fue capaz de poner en jaque a todo un país.

La narración es amena y engancha al lector. La última frase con la que Rojas Contreras finaliza la novela merece ser citada: “A veces mientras menos se sabe más se vive”.


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