Distrito Salvaje es una serie de televisión colombiana producida por Dynamo Producciones para Netflix, creada por Cristian Conti que merece ser comentada por múltiples razones. Emitida originalmente en el 2018, retrata la realidad de Colombia, de Venezuela y de la convulsa frontera colombo-venezolana. Un exguerrillero, Jhon Jeiver, interpretado por Juan Pablo Raba, quien demuestra su madurez como actor, es el protagonista de la historia. Con una interpretación impecable, nos presenta la situación en la que podrían encontrarse muchos de los individuos que se acogieron al tan polémico Acuerdo de Paz, firmado en Bogotá el 24 de noviembre de 2016. Algunos de ellos fueron arrebatados desde niños a sus familias y no conocieron otra cosa que la barbarie en medio de la selva, de la actuación siempre clandestina. La ciudad les resulta un sitio extraño, se diría que inhóspito. La convivencia se le torna tortuosa; son unos desadaptados a la sociedad, tienen que hacer un esfuerzo para llevar una vida cotidiana semejante a los demás.

El protagonista en algún momento debe trasladarse a Caracas para comprar armas y llevarlas a Colombia, por lo que varios capítulos son en Venezuela. El ambiente en el que se desarrollan las escenas es escalofriante. Lo mismo da la vida que la muerte. Pensar que los ciudadanos de estos países desarrollan su quehacer diario en medio de tales circunstancias es digno de franca preocupación. En la serie, la violencia envuelve sin piedad a quienes habitan a ambos lados del Arauca. Lo que queda reflejado a través de la pantalla del televisor es una bomba de tiempo.

Merece la pena destacar la situación de los migrantes venezolanos, quienes, antes de presentarse la pandemia del coronavirus, caminaban huyendo de Venezuela para llegar a alguna ciudad colombiana u otro país andino. Atravesaban andando, muchos con los pies destrozados y sin indumentaria adecuada, una frontera donde acecha el peligro, venciendo las inclemencias del clima, entre otras, las bajas temperaturas de El páramo de Berlín.  Una frontera extensa, conflictiva, en permanente tensión. Una frontera que quizá nunca debió existir.

Algunas escenas le sirven al protagonista para mostrar rasgos de emotividad con algunos extraños, con su familia, con un hijo que no sabe cómo tratar. El personaje hace un intento por redimirse y rescatar esa parte de sensibilidad que, dada las circunstancias, no le quedó más remedio que esconderla muy dentro de sí.

Hay un par de frases que sectores de poder le dicen al personaje Daniela León, muy bien interpretado por la actriz Cristina Umaña y que vale la pena destacar: es más útil corrupta que siendo honesta; hay que cambiar las cosas para que permanezcan iguales.

Distrito Salvaje, es una serie dinámica, bien producida, con diálogos ágiles y buenas actuaciones. Después de verla, queda la eterna reflexión: no puede haber paz en Colombia, si no hay paz en Venezuela. No puede haber paz en Venezuela, si no hay paz en Colombia. El destino de ese extenso territorio, de manera inevitable, está ligado uno al otro.


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