Guillermo Meneses es uno de los grandes cuentistas venezolanos. Leerlo es deleitarse con la narrativa de un extraordinario escritor. “La mano junto al muro”, publicado en Espejos y disfraces (Fundación Biblioteca Ayacucho, 1981), resultó ganador del concurso anual de cuentos del diario “El Nacional” en 1951.  A pesar de los años no puede uno dejar de sentir fascinación por esta obra.

Ambientada en una ciudad portuaria, Meneses aborda el tema de la prostitución con elegancia, de una forma humana. Las frases de contenido profundo involucran al lector. La protagonista es una meretriz, de quien desconocemos su identidad. Pero en el contexto en que se desenvuelve la trama eso carece de importancia. Tampoco la tienen los nombres de los hombres que acuden a ese monstruo cerca del mar, que alguna vez fuera un castillo y que terminó convertido en un lupanar que alberga en su interior cuartuchos como panales de abeja en los que el tiempo se mide en monedas, en los que la vida, entre sombras, se desvanece de forma vertiginosa en medio del anonimato.

En la fortaleza quedaron atrapadas las historias de las pelanduscas, de los clientes que acudían a aquel local, quedó atrapada la historia de aquel barrio portuario en el que el sexo era un negocio. “Hay en esta pared un camino de historias que se enrolla sobre sí mismo, como la serpiente que se muerde la cola”.

 El castillo fue construido con materiales sólidos para que perdurara en el tiempo. Las rocas que formaban los muros y en la que se apoya la mano de la meretriz, fueron deshaciéndose, igual que la vida de aquella mujer, tal como se puede leer a lo largo del cuento, tal como lo muestra el desenlace de la trama. Desarrollar una historia literaria inmersa en el mundo de la prostitución con la perspectiva que lo hizo Meneses, no es tarea fácil.

En esta obra, Guillermo Meneses demuestra la agudeza de su prosa. El contenido filosófico queda plasmado en muchas de las frases: “Lo que podría separar una cosa de la otra en el mundo del tiempo sería apenas una delgada lámina de humana intención, matiz que el hombre inventa; porque, al fin, lo que ha de morir es todo uno y sólo se diferencia de lo eterno”.

El tiempo, el vacío, la nada, constituyen el tema central de este maravilloso cuento.


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