En Canciones para el incendio, Juan Gabriel Vásquez se crece con una narrativa pulcra, se consolida como un escritor universal y deja clara la densidad de su escritura. La violencia vivida en Colombia a lo largo de los años vuelve a servirle de telón de fondo en el que se desenvuelven muchos de los personajes.

En “Mujer en la orilla”, la protagonista es una fotógrafa, Jota. Los rostros que capta con su cámara son más que imágenes, detrás de cada uno hay una historia que ella se ha encargado de averiguar. El semblante de las personas transmite tanto o más que las palabras. En este relato el autor señala: “La cara de la gente cambia cuando no tiene miedo. La cara de la gente dice muchas cosas”.

Juan Gabriel Vásquez se luce con el cuento “El doble”.  Los amigos que los hijos hacen en la adolescencia, en la juventud, terminan siendo afectivamente nuestros propios hijos. Imposible no conmoverse con esta historia que toca las fibras más sensibles del lector. El final es extraordinario, algo a lo que ya nos tiene acostumbrado este escritor colombiano.

La doble moral, los secretos que más temprano que tarde se descubren, son aspectos abordados en “Las ranas”. En él, merece la pena destacar la técnica con el que el autor narra dos historias paralelas que se aproximan en los momentos justos para darle coherencia al texto. 

La violencia marca a las sociedades por generaciones.  El terrible círculo vicioso que parece llegar para instalarse de manera indefinida en quienes la sufren, queda reflejado de forma contundente en “Los muchachos”. En él hay una mezcla de dolor y tristeza sobre todo por esos jóvenes que han vivido en carne propia las secuelas de este flagelo, como es el caso de los personajes de Castro y Pinzón, o la que representa el personaje del Choco, que es una violencia sin más, elemental en sí misma.

Las conjeturas perniciosas sobre un suicidio se abordan en “Nosotros”, obligándonos a cavilar sobre las opiniones que se emiten sobre hechos que se desconocen; en este sentido, deja una interesante reflexión sobre el rol de las muy usadas redes sociales.

Aparte de los relatos mencionados, hay otros, todos buenos, en los que el autor nos lleva a una introspección sobre el dolor, la culpa, los afectos que nos persiguen y nos atormentan. En Canciones para el incendio, los recuerdos adquieren un gran peso y la expresión de los rostros delatan la parte más íntima de los personajes.

En este libro Juan Gabriel Vásquez demuestra sus habilidades como cuentista y pone a pensar al lector sin abrumarlo.

Categorías: Reseñas

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