Hay temas difíciles de abordar desde el punto de vista literario, porque el simple hecho de nombrarlos, ya pueden generar rechazo; sin embargo, Katya Apekina, igual que un nadador, se sumerge en la hondura de la naturaleza humana para mostrarnos en su novela Cuanto más profunda es el agua, más feo es el pez (Alfaguara, 2020),  lo complejo que podemos ser las personas, lo intrincado de las relaciones familiares, más si se trata de personajes ligados al arte. Es una obra en la que se ha hecho un extraordinario manejo psicológico de los personajes. Los protagonistas bordean los límites de lo social y moralmente permisible, irrespetando en más de una ocasión lo que deben ser las relaciones filiales.

Dennis Lomack es un escritor quien queda prendado de Marianne McLean, una adolescente, casi una niña, que se convierte en su musa, en una fuente inagotable de inspiración.  Surge entre ellos una atracción muy especial que se ve magnificada por la sensibilidad artística de ambos. Ella tiene facilidad para la poesía. Esa relación no deja de tener rasgos de pedofilia, dada la diferencia de edad existente. Marianne, más que Dennis Lomack, se nos presenta como un personaje extravagante, una mujer bohemia que ejerce cierto aire de fascinación a pesar de sufrir un trastorno mental que la lleva a intentar quitarse la vida y terminar en un hospital psiquiátrico. Del matrimonio de estos personajes nacen dos hijas que se ven arrastradas por las particulares personalidades de sus padres.

Edith, la hija mayor, luce más centrada en medio de la vorágine familiar y trata de ayudar a su madre, quien en algún momento, estando en el hospital para enfermos mentales, la rechaza; algo incomprendido por Edith, pero en el fondo es un acto de amor de Marianne, quien, en medio de su situación, entiende que lo mejor es mantenerla alejada de ella, de su propia tragedia, cosa que no puede hacer con Mae, su descendiente menor, porque madre e hija, son imagen una de la otra, y Marianne intuye el peligro que eso conlleva.

El personaje de Mae le sirve a Katya Apekina para hacer un manejo excepcional de la teoría del espejo. Entre padre e hija se establece una relación anómala, perniciosa. Se insinúa la pederastia de Dennis Lomack hacia Mae, quien se convierte en la imagen malévola de su madre y que le permite ser la musa en que se inspira su padre para escribir. Todo ese hechizo funesto es roto por el fuego cuando Mae, de forma intencionada, sufre quemaduras en todo el cuerpo que le desfiguran el rostro, ese rostro que ya en nada se parecerá al de su madre. Las llamas destruyen la imagen infantil, lozana, inocente de Marianne, reflejada en Mae, quien consigue en ese hecho trágico su liberación.

Sin duda, Cuanto más profunda es el agua, más feo es el pez, es una fascinante novela, densa en su contenido, que merece la pena leerla.


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