En la novela Corazón que ríe, corazón que llora, la escritora guadalupeña Maryse Condé aborda el espinoso tema del racismo con una extraordinaria inteligencia literaria al presentarlo de tal manera, que el escozor que puede producir se ve suavizado por una narración fresca con un aire muy caribeño.  El lector puede trasladarse a un Caribe nostálgico, con un encanto que se siente, pero que es difícil de definir. En ese contexto, se desenvuelven los personajes.

Las memorias de su infancia son el sustrato que la escritora toma para mostrarnos la ausencia de prejuicios de los niños en relación con la raza y como estos son inculcados por la sociedad desde la niñez. Los personajes de  Yvelise y Anne-Marie de Surville sirven para exponer las dos caras de una misma moneda. Con soltura, se describe como los niños son capaces de superar sus diferencias sin que, necesariamente, el odio  se convierta en una secuela inevitable.

El hecho de ser de color negro marca de manera ineludible a Maryse y a su familia, quienes interiorizan esa condición hasta tal punto que para una persona de color el ideal de belleza está en otro de su misma raza. Los padres de la protagonista sufren un proceso de alienación que los lleva a negar sus raíces, a segregar a sus semejantes. El colonialismo deja una huella honda del que no escapa ninguno de los personajes.   

“Nunca había visto tantos blancos juntos como en la misa de doce. Se diría que la catedral les pertenecía. Que Dios era blanco”, esta es una de las tantas frases con las que se nos revela que ni la religión queda exenta de la discriminación racial. Conté, no solo vivirá esa marginación en su Guadalupe natal, también en Francia, cuando vaya a continuar sus estudios, donde además de ser negra, viene de una de las colonias en el Caribe; entonces entenderá muchas cosas que de niña no comprendía.

Más allá del tema racial la novela aborda las relaciones entre familiares, las de Maryse con su madre, con sus hermanos; lo inconveniente que puede resultar la sinceridad espontánea con los seres queridos.  Corazón que ríe, corazón que llora, es una novela extraordinaria con agradables descripciones de Guadalupe, cargada de un contenido profundo y con la que uno se siente cercano a medida que avanza en la lectura. 


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